Un día un gran sabio dijo: Para ganar no hay que esforzarse, sino madurar.

domingo, 15 de abril de 2012

If you will be...


Hola, soy Alfred, y voy a contaros una historia de una chica llamada Nadia, una chica de Albacete, normal y corriente, o eso decía ella.
Nadia vivía con sus padres en Alcalá de Guadaíra, Sevilla, pero por motivos laborales, tuvieron que mudarse a Villalgordo del Jucar (Albacete).
Nadia, contagiada por la melancolía que le traía su pueblo natal, y sus amistades que ahora no están con ella, rompió a llorar en su habitación de Albacete.

El hecho de cambiarse de instituto y el hacer nuevas migas, le atemorizaban.
Al día siguiente, se matriculó, y le tocó en una clase... como decirlo... especial.

Villalgordo del Jucar es un pueblo muy muy pequeño, con una densidad de 27'36 habitantes por km cuadrado. Era solo una clase por cada curso y en su clase era la menor de 5 chicas.
Ella misma se había dado cuenta de como la ignoraban en su instituto, la miraban como un bicho raro, como una chica diferente, como una don nadie, y no por su nombre Nadia Diferente López, pero la realidad era esa.
Nadia, lo que adoraba de ese pueblo, era su casa, todos la escuchaban, sus padres la querían y nadie la discriminaba. Pero los días se pasaban rápido, y el hecho de volver día y día al instituto la atemorizaba y caía en una profunda desazón.

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